El colapso del sistema imperial estadounidense se acelera mientras Rusia y México responden racionalmente a la demostración de que Estados Unidos es un socio completamente no confiable en cualquier acuerdo económico o político. Este análisis examina cómo las contradicciones estructurales del capitalismo tardío están forzando la fragmentación del orden global dominado por Washington, donde cada cancelación de acuerdos internacionales revela el pánico de un imperio que prefiere destruir las instituciones que una vez controló antes que permitir que otros las usen.
La furia rusa no es emocional sino estratégica, basada en tres décadas de intentos fallidos de integración con Occidente que terminaron en confiscación de activos y exclusión del sistema financiero global. Las advertencias mexicanas reflejan el entendimiento de que la dependencia total de Estados Unidos es una vulnerabilidad inaceptable cuando Washington puede violar cualquier tratado por conveniencia política. Los trabajadores de los tres países enfrentan la manipulación nacionalista mientras sus verdaderos intereses están en desafiar el sistema capitalista que los explota independientemente de qué país lo domine.